Nos paramos a descansar unos minutos, para recuperar el aliento. Me senté en una roca cercana y encendí un cigarrillo.
Como podía ser? El hombre que nos había señalado aquel camino había asegurado que solo tardaríamos 10 minutos en llegar. Debimos haber sospechado nada mas mirar el sendero que señalaba el dedo del hombre. Oscuro y retorciéndose, como una serpiente, entre los árboles del monte.
Ya llevábamos más de media hora de ascenso y aún no vislumbrábamos el final del camino. El hacha de combate y los otros útiles pesaban en la mochila a mis espaldas.
Pero es que no podías ir a un akelarre sin estar preparado.
Apurando las últimas caladas de mi cigarrillo, observe a mis silenciosos acompañantes. Y una vez más me pregunte porque hacíamos esto. Pero ya sabía la respuesta.
Alguien debía mantener a raya a las hordas de la oscuridad, a los hijos de la noche.
Y esta noche tocaba caza de brujas.
Nos pusimos en pie y seguimos el tortuoso camino. Estábamos cansados, pero nuestras manos no temblarían un ápice cuando llegara la hora.
Matar brujas es fácil, si sabes como hacerlo. Las brujas necesitan tiempo para hacer sus hechizos, tiempo para pronunciar sus conjuros. Así que si te apresuras en cortar sus cabezas, tienes la batalla ganada. Es mucho más jodido matar a un hombre lobo.
Y por fin llegamos al lugar. Y mis ojos se abrieron de golpe ante los espantos que vieron, y mi corazón gritó.
Akelarre eso?.
Una hoguera ya extinta, antes de las doce de la noche!!. Un montón de jóvenes borrachos y drogados tambaleándose por la zona, un montón de tenderetes en los que te vendían “Amuletos” o te leían el futuro, y una ingente cantidad de chiringuitos en los que conseguir alcohol y comida basura.
Donde estaba el grupo de chicas bailando alrededor de la hoguera, y besando el hediondo ano de un macho cabrío?.
Si alguien me pregunta si anoche estuve en el akelarre, responderé que no. Eso no era un akelarre, era un macrobotellon con hoguera.
