Estoy harto de que me recuerden en la televisión lo gordo que estoy, lo fracasadísimo y lo tonto que soy.
No puedo ver una serie sin que me metan mil anuncios en los intermedios. Anuncios que no anuncian, que me acusan de haberme abandonado, que me acusan de ser como soy. Porque ser como yo soy está mal en esta sociedad.
Tengo ojeras porque no puedo dormir. Pero lo importante no es mi insomnio, es que a las chicas les va a impresionar la mala cara que llevo. Tengo que echarme una cremita para no tener mala cara.
Estoy gordo y no miro mi colesterol. Y a pesar de que los anuncios siguen cometiendo el mismo error de decir “te da el colesterol”, intentan apabullarme con miles de datos científicos y encuestas absurdas. El colesterol no te da, lo tiene todo hijo de vecino. Incluso son dos tipos diferentes, no solo uno. Pero da igual, si tomo este o aquel yogurt seguro que adelgazo y no me da una hostia a la patata (corazón).
Me encanta particularmente ese anuncio en el que dos tipos juegan al ping pong mientras tienen una conversación trascendental sobre el último infarto que ha sufrido un amigo común. Entonces uno dice “que mala suerte”, y el otro para la pelota, le mira muy serio y le contesta: “No ha sido mala suerte, tenia colesterol y no se cuidó”. Y mientras el anuncio te comenta lo bueno que es para tu salud el yogurt de los huevos, por debajo aparece una interminable línea de texto que te dice que eso no es exactamente así.
Ahora hay que ir con receta a comprar el puto postre, y hay que mirar que un yogurt no sea incompatible con otro. Joder, como hecho de menos los simples yogures de plátano o fresa…
Y las chicas, siempre sonrientes y siempre guapas, se van con el chico que ha elegido afeitarse con la más nueva y más vibradora maquinilla de afeitar. Esas chicas que ni siquiera me escupirían.
Pues yo no me afeito, y pincho.
Otra cosa que me encanta de los anuncios es que todos, absolutamente todos, tienen protagonistas bien avenidos. Así, aunque solo te estén vendiendo un aire acondicionado o una pastilla para el dolor de cabeza, todos son arquitectos, abogados, directivos o dueños de sus propios negocios. Supongo que la puta pastilla no le quitara el dolor de cabeza a un sucio parado como yo.
Y para terminar, aunque no por ello menos importante, odio los anuncios destinados a mujeres. Esos en los que les hacen creer que si no tienen el vientre plano o que si tienen celulitis no son atractivas. Esos atentados contra la dignidad humana. ESOS!!!
Me irritan profundamente.
A mi me gustan las mujeres aunque tengan celulitis, incluso me excitan las chicas sin vientre plano. También me gustan las chicas listas, y no los floreros estúpidos que salen por la tele.
Pero, como no tengo un trabajo guay y cuando me levanto me huele mal el aliento y tengo mala cara, supongo que nada de lo que diga importa.
Como no tengo mucha pasta, y estoy gordo y no pago miles de euros por una liposucción ni por uno de esos absurdos aparatos de ejercicio, no merezco nada.
Como estoy loco y no me acerco ni a mil kilómetros de lo que se supone que es correcto, supongo que no cuento.
Pero aquí sigo.