Ayer acabó la emisión española de “Studio 60” yo que la vi en ingles me he preocupado de ver la reacción que causaba por aquí y... Nada señores, nada. En la blogosfera, por supuesto, puedes encontrar todo tipo de análisis pero de los profesionales lo dicho, nada. En este país la critica siempre espera a que le digan los americanos lo que tiene que pensar. ¿Cuánto tardaron en reconocer la excelencia de “El ala oeste”? ¿Cuántos Emmys tuvieron que darle para que aquí se dieran por aludidos?
Claro, como “Studio 60” ha caído en su primera temporada aquí ni flores. Los analistas americanos la han atacado diciendo que flojea hacia la mitad, cosa cierta, pero aun en sus momentos más bajos se sitúa por encima de la mayoría de series de la pasada temporada y tiene unos cinco episodios finales realmente antológicos, una despedida a lo grande que no ha servido para salvar el show. Antes he dicho que algunos la atacaron con razón pero tampoco han faltado los que, en mi opinión, tenían cierto animo revanchista contra el listillo de la clase, Aaron Sorkin. O a lo mejor veo fantasmas y simplemente es que la televisión que hace Sorkin no tiene los suficientes adeptos, quizás “El ala oeste” fue la excepción, un raro caso de aceptación por parte del publico de las alambicadas maneras del creador. Lo cierto es que la primera serie de Sorkin “Sports Night”, una de las sit-com mejor realizadas de la historia, se quedó en dos temporadas, otra de esas series que a los críticos españoles no les han dicho que deben alabar. Quizás el destino de “Studio 60” era no tener una larga vida, pero yo me niego a creerlo. Las tres series de Aarón Sorkin tienen algo en común: Me hacen sentir inteligente, Sorkin maneja temas tan peliagudos como la política o la religión y, dándole a sus personajes los diferentes puntos de vista, te plantea preguntas, te obliga a reflexionar. Lo bueno de sus series es que no necesitas ser un gran experto en los temas que trata, Sorkin te introduce de manera didáctica y entretenida en conceptos que en manos de otros serían áridos e interminables discursos. Lo que más me sorprendió de “El ala oeste” la primera vez que la vi fue que, sin tener la más mínima idea de política norteamericana, me interesaba y posicionaba en los debates que planteaba la serie. El punto en común de todas las series del americano es la inteligencia de sus protagonistas, están ahí discutiendo y Sorkin te invita a que te unas al grupo, pero sin pararse a explicarte las cosas como si necesitaras ayuda. Eso es lo genial, acabas el capitulo habiendo pensado sobre temas importantes mientras te preocupabas por las vidas de una gente que se mueve entre interminables pasillos y reacciona con una velocidad mental pasmosa, por eso me niego a creer que haya gente que no quiera sentirse tratado como un igual por gente tan inteligente. No hace falta ser un genio para disfrutar de las series de Sorkin pero al acabar te sentirás más listo o, al menos, sentirás que has ejercitado el cerebro mientras te divertías. Y eso es lo que termino ayer, una serie genial, una serie que merecía seguir en antena, una serie que ha pasado de puntillas por España, yo por mi parte espero con impaciencia un nuevo proyecto de Sorkin, esperemos que sea pronto.