Esto me recuerda al chiste del tipo que muere y va al infierno. El Diablo le da la bienvenida, le enseña tres puertas y le dice que detrás de cada puerta hay una visión diferente del infierno y que tiene que elegir una para pasar el resto de la eternidad. El Diablo abre la primera puerta y el tipo ve una inmensa superficie helada, con gente medio congelada, amoratada y tiritando de frío, vestida con poco más que taparrabos, golpeando en vano la superficie del glaciar con diminutos martillos. El tipo le dice al Diablo:
- No me obligues a entrar ahí. No soporto el frío. Me mudé a Miami para evitar los inviernos neoyorquinos.
- Como tu digas, responde el Diablo, y abre la segunda puerta.
Allí ve infinidad de personas desnudas y sudorosas, llenas de ampollas y heridas sangrantes, sacando a paletadas roca fundida de un mar volcánico de lava ardiente y borboteante. El tipo se queda sin respiración.
- Cierra la puerta; qué horror. Una vez subí en helicóptero para ver los volcanes de Hawai y tuve un ataque de ansiedad. Me cuesta respirar cada vez que me acuerdo.
Entonces el Diablo abre la última puerta y le permite ver un gentío hasta donde alcanza la vista. Están todos metidos en mierda hasta las rodillas, tomando café.
- Eso no parece tan malo, dice el tipo, aliviado. Ya me imagino pasando la eternidad aquí.
- Más vale que lo tengas claro, porque una vez entres, es para siempre, y para siempre significa que cuando lleves muerto cien millones de años, no habrás hecho más que empezar a estar muerto, le advierte el Diablo.
- No te preocupes. Me quedo con la tercera puerta, responde el tipo, y entra chapoteando.
Alguien le ofrece un café, y está allí en medio de la mierda, pensando que la cosa no está tan mal cuando resuena una voz imponente por los altavoces: Venga, chicos, ya ha terminado la pausa para el café. ¡Todos a hacer el pino!
Fragmento de “Muerte en Hollywood” de Steven Bochco.